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LA CLASE MEDIA

HORCA

Jacobsen del Saxo Bank dice en un artículo que la clase media está colapsando y no de extrañar. El problema es como encuadrar a los ciudadanos en esta clase tan “especial” porque no olvidemos que la clase media es numéricamente inferior al porcentaje de población que se auto identifica como tal, y es que con unos ingresos familiares de 25.000 Euros brutos y con dos hijos algunos nos considerábamos pertenecientes a esta clase tan privilegiada. En la actualidad con ese sueldo rozamos la indigencia, con perdón y permiso de los que consiguen sobrevivir con menor importe, verdaderos jabatos de las finanzas que ya lo querrían para sí los departamentos financieros de muchas empresas.
La presión fiscal se hace insoportable y no solo a nivel estatal sino a nivel local, los precios suben constantemente y los ingresos en el mejor de los casos permanecen constantes obligando a las familias a reestructurar constantemente la distribución de los gastos para ajustar el presupuesto lo más posible y finalmente no quedándoosle más remedio que acudir a los ahorros para suplir el déficit consecuencia de mantener a tanto político corrupto y a tanta administración.
Los que pertenecemos a la antigua clase media y que vivimos de los ahorros de antaño estamos cansados de ser los grandes contribuidores de subvenciones interesadas y estúpidas de mantener a esa manta de políticos incultos y corruptos, de no tener derechos a subvenciones ni becas y a pagar los impuestos que muchos de las clases altas saben evadir y que otros de las bajas saben aprovechar injustamente.
Creo que ha llegado la hora de no estrangular más a la gallina de los huevos de oro y pensar en unas medidas de ajuste que afecte de una vez por todas a los verdaderos causantes de tanta penuria, de aquellos que han convertido el sustantivo en adjetivo descalificativo con tanta alevosía y considerar porqué hay tanta diferencia entre trabajadores cualificados y sus directivos, entre alcaldes y presidentes de gobierno, entre policías municipales y policías nacionales y porque tenemos tantos administradores para tan pocos administrados. Pensar que un político es un trabajador del pueblo, nombrado y pagado por el pueblo que deposita en él su confianza y que su cargo es un privilegio por lo que representa y que como tal privilegio ha de predicar con el ejemplo ajustándose a las mismas medidas que él impone, como prueba de su convencimiento y humildad.
A la pasión a una profesión se le llamaba vocación y con vocación, humildad y honradez se poseen las herramientas básicas para resolver cualquier problema por muy difícil que parezca. Está claro que en estos tiempos que corren ni la clase media es clase media ni el político es humilde ni tiene vocación y mucho menos honradez.

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