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Explicamos qué es el PIB

No es otra cosa que el producto interior bruto y la verdad que es un nombre que llega a dar un poco de miedo aunque realmente solo se refiere a los bienes y servicios finales producidos por un país en un tiempo determinado que generalmente es un año. ¿En qué nos afecta? Pues si relacionamos el PIB con la población nos viene a informar sobre la riqueza de un país en términos per-capita.

Si consideráramos nuestro hogar como una “república independiente” y el padre de familia tuviera un sueldo como ingreso, la mujer ingresos como profesional independiente y uno de los hijos recibiera una beca de estudios del estado, el PIB de nuestra familia en un año sería las sumas de sus ingresos independientemente de que se trate de producción de bienes o prestación de servicios y si dividiéramos todos los ingresos por el número de miembros de la familia nos daría la media per-capita. Pues al estado le pasa igual, se contabilizan los bienes y servicios finales producidos (digo finales porque no se computan los intermedios dado que si se incorporar al bien final podríamos cometer el error de contabilizarlos dos veces como por ejemplo contabilizar la producción de ruedas de un coche y después contabilizar el coche de nuevo).

Ya tenemos claro en qué consiste el PIB pero ¿Cómo llegar a obtenerlo?. Tenemos dos sistemas o bien medimos los flujos de gastos o bien los flujos de rentas. En el primero nos basta con sumar tanto lo que consumimos como lo que invierten las empresas como lo que gasta el estado (con algunas consideraciones) y quitarles la importaciones dado que antes la hemos contabilizado como consumo en España cuando realmente se han producido en otro país y sumarles las exportaciones que sería el caso contrario, sin embargo, para medir por el método del segundo es simplemente anotar todos aquellos pagos que hemos de realizar como los sueldos, los intereses, la electricidad o los beneficios que al fin y a la postre son como si fueran los intereses del propietario y así dar con el mismo resultado. Si nos fijamos en el balance de una empresa, salvo algunas consideraciones, observamos que los ingresos coinciden con los gastos gracias a una partida que es el beneficio por lo que si computamos este en el lugar de los ingresos nos coincidiría con las rentas pagadas.

Ahora nos encontramos con otro problema y es que cuando comparamos el PIB de dos años consecutivos para saber si aumenta o disminuye podemos encontrarnos con la sorpresa que la subida o bajada de precios nos complique la vida. No es lo mismo comparar una botella de vino que nos cuesta 100 euros en el 2011 y en el 2012 vale 110 euros cuando la producción ha sido la misma encontrándonos en que el PIB ha aumentado un 10% irrealmente puesto que lo que ha aumentado ha sido el precio. Para solucionar esto acudimos al deflactor del PIB que no es sino un porcentaje que elimina esta distorsión.

Dicho esto, puede parecer que esta medida es suficiente para medir la riqueza de un país pero nada más lejos de la realidad dado que, por ejemplo no tiene en cuenta todo aquello que se produce para consumo propio como por ejemplo las reformas que haces en tu casa porque eres un manitas declarado, ni el dinero negro que has ingresado por trabajar unas horillas para tu jefe (economía sumergida) ni otras particularidades que pueden influir significativamente en su valor.

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