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Indemnizacion por despido

En época de crisis no es de extrañar que nuestra empresa deje de pagarnos la nómina o nos despida y tengamos que esperar para cobrar la liquidación o en el mejor de los casos que nos pague más tarde. Y es que como bien dice el refrán “a perro flaco todo son pulgas”. Porque además de quedarnos sin ir al super o tener que desayunarnos con el pan duro del día anterior tenemos que calentarnos la cabeza con la forma de declarar unos importes fantasmas que o aparecen de golpe o no aparecen o lo hacen a medias.

Si la empresa ha optado por despedirnos y se ha declarado el despido como improcedente hemos de saber que la liquidación que nos efectúen tributa por los conceptos prorrateados de vacaciones y pagas extras ya que estas partidas han sido generadas durante el tiempo que hemos estado realizando nuestro trabajo y que por causa del despido estamos cobrando antes ya que no tendremos la suerte de llegar a las fechas en la que son preceptivas recibirlas. Sin embargo, la indemnización por despido está exenta en la cuantía que establezca el estatuto de los trabajadores y las normas que lo desarrollen pero no en la que se dispongan en virtud de convenio o pacto entre las partes. ¿Qué necesitamos para justificar dicha exención? Pues que haya una sentencia o conciliación ante el juzgado de los social o administrativa ante el SMAC, o bien un expediente de regulación de empleo, aunque si antes del acto de conciliación el empresario reconoce la improcedencia del despido y nos ofrece la indemnización correspondiente y nosotros la aceptamos, aunque sea de mala gana, también se consideraría el límite exento el marcado para el despido improcedente, salvo excepciones.

¿Y si el jefe se porta y en el caso infinitamente improbable decide darnos propinilla con la liquidación? Pues que todos los importes que superen el límite tendrán que declararse como rendimientos del trabajo aunque hayamos pactado antes una indemnización superior.
También tenemos que tener en cuenta que en función de la forma del despido los límites son distintos puesto que varían en función del tipo de cese o despido (cese voluntario justificado, despido procedente, improcedente, etc) o de la función que desempeñáramos en la empresa (personal de alta dirección) y siempre teniendo en cuenta que la “indemnización” que nos pudiera corresponder por la finalización de un contrato temporal no está exenta, dado que la Dirección General de Tributos considera que no existe perjuicio para el trabajador.

En próximos artículos trataremos la problemática de las nóminas y atrasos que cobramos con retraso. Saludos.

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